Tannhäuser

Sebastian Weigle
Chorus and Orchestra of the Royal Opera House Covent Garden London
Date/Location
7 February 2023
Royal Opera House Covent Garden London
Recording Type
  live  studio
  live compilation  live and studio
Cast
HermannMika Kares
TannhäuserNorbert Ernst
Wolfram von EschenbachGerald Finley
Walther von der VogelweideEgor Zhuravskii
BiterolfMichael Kraus
Heinrich der SchreiberMichael Gibson
Reinmar von ZweterJeremy White
ElisabethLise Davidsen
VenusEkaterina Gubanova
Ein junger HirtSarah Dufresne
Gallery
Reviews
The Guardian

Lise Davidsen gleams though Albery’s Wagner misfires again

Tim Albery’s 2010 production of Wagner’s Tannhäuser is now back at Covent Garden for its second revival, and remains a flawed piece of theatre that only fitfully illuminates the opera’s complexities. Wagner examines the conflict between sexuality and spirituality in the soul of an artist, presenting them as being at once polarised and mutually dependent by deploying contrasting developments of the same thematic material for each. Albery, however, muddles matters by adding too many glosses about the relationship between art and reality and the role of the artist in times of political turmoil.

His Venusberg is a place of illusion, escape and irresponsibility, purposefully if unconvincingly modelled on the Opera House itself, where the curtains part to reveal Ekaterina Gubanova’s cabaret diva Venus presiding over a tawdry table dancing show. Taking his cue, meanwhile, from the Landgrave’s remark about artistic renewal after military conflict, Albery has the song competition take place in a bombed-out war zone inhabited by armed thugs, where the remains of the Venusberg are visible amid the rubble. There’s little sense of a society governed by religious values and consequently no real indication as to why Tannhäuser’s behaviour provokes such outrage. As a dramatic totality, I’m afraid, it doesn’t satisfactorily cohere.

Musically, it’s uneven, too, for which some of the responsibility rests with conductor Sebastian Weigle, usually an impressive Wagnerian, though here he took time establishing adequate dramatic momentum: the first act was unaccountably sluggish, the great Venus/Tannhäuser confrontation notably lacking fire. Stefan Vinke, meanwhile, cast as Tannhäuser, was indisposed on opening night, acting the role while Norbert Ernst sang from the side of the stage with a metallic tone but plenty of staying power and expressive verbal shading: his Rome Narrative was keenly intense.

As Elisabeth, Lise Davidsen gave us a gleaming Dich, Teure Halle and proved sensationally good later on when she took on the Landgrave’s men in order to save Tannhäuser’s life and soul. Gerald Finley, meanwhile, made a truly great Wolfram, incomparably sung, and acted with breathtaking subtlety. Gubanova sounded glamorously sensual, though Venus ideally needs a fractionally warmer lower register than she possesses. Mika Kares was the dark-voiced Landgrave, while among the smaller roles Egor Zhuravskii’s imperious, lyrical Walther particularly stood out. The Royal Opera chorus were superb here, too, singing with wonderful fervour and beautiful control.

Tim Ashley | 30 Jan 2023

Evening Standard

A strangely torpid kind of hedonism

A replicated proscenium with red and gold Royal Opera House curtains forms the entrance to the erotic world of the Venusberg in Tim Albery’s revived production of Tannhäuser. On a chair placed to allow a glimpse of these hedonistic delights sits a succession of men formally attired as for the opera. All of us – patrons, ushers, critics – are potential clients. There’s a first time for everything. Except that in this production the surfeit of sensuality that the disenchanted knight Tannhäuser longs to escape from is rarely in evidence.

Certainly, for my money, Jasmin Vardimon’s writhing-limbed choreography offers a genuinely titillating Bacchanale – though these things are admittedly subjective. But the following scene for Venus and Tannhäuser, even in the Paris version which gives us the more voluptuous fleshing out of the love goddess that Wagner produced in the wake of Tristan und Isolde, is so lacking in passion that one can all too readily empathise with Tannhäuser’s ennui. This was only partly because Stefan Vinke had to be replaced at a few hours’ notice by Norbert Ernst, singing from the side while Vinke walked the part. All due credit to Ernst in this most taxing of roles, but he’s not the most exciting of tenors.

The problem is with Albery’s production (austerely but effectively designed by Michael Levine), conceived in 2010 for the late clarion-voiced Johan Botha, whose physical immobility required perching points around the stage. Inertness was conspicuously factored into the production. Ekaterina Gubanova is an experienced Venus but she made little impact here. Only Gerald Finley, arriving as Wolfram with fellow minstrels, injected a bit of life into it, Mika Kares contributing a sonorous Landgrave.

For the Wartburg scene in Act II we’re in an eastern European warzone, the courtly guests becoming Kalashnikov-toting patriots. Bombardment or perhaps their own religious fundamentalism has made a wreckage of the proscenium, which slightly undermines Elisabeth’s joyful paean to the hall of song. Either she’s trading in memories or she has a developed sense of irony. Vocally, Lise Davidsen doesn’t disappoint, at least, even if her intervention at the climax, when the entire community rounds on the licentious Tannhäuser, falls victim to this feeble staging.

Barry Millington | 08 February 2023

mundoclasico.com

A este Tannhäuser ni Elisabeth lo salva

Para esta reposición de la puesta de Tim Albery, el Covent Garden contrató la Elisabeth de Lisa Davidsen, una soprano de descomunal timbre dramático que convence menos como lírica. Su ‘Dich teure Halle’ arrasó con enorme volumen, un fraseo sólo aceptable y un agudo final que salió estridente. Quienes tienden a compararla con Birgit Nilsson tal vez nunca experimentaron como esta última graduaba su proyección y volumen con suprema nitidez y control a lo largo de todo el registro. Es así que desde el pianisimo al forte, Nilsson llegaba a nuestro tímpano sin ensordecernos jamás.

Más convincente estuvo Davidsen en su plegaria del tercer acto. Aquí sí que logró ‘contarnos’ y ‘compartir’ con nosotros su angustia fraseando como es debido. No olvidemos que, después de todo, Davidsen puede ser una excelente liederista. Escuchándola me interrogué constantemente sobre cuándo veremos su Isolda, su Elektra o su Brünhilde, pero al imaginarla con su voz actual me atacó otro interrogante: ¿logrará encorsetar la espléndida densidad de su voz con las aristas e inflexiones necesarias para una convincente transmisión dramática?

Su Tannhäuser, Stefan Vinke, tuvo que cancelar la première en el último momento, y como la casa no tenía a mano un doble, a Vinke no le quedó más remedio que mimetizarlo todo mientras un tenor muy flojo cantaba desde el costado. En la segunda función (que comento), Vinke comenzó su elogio de Venus con una voz monocrómica y dilatada. Hacia el final de la primera estrofa, las flemas comenzaron a quebrar su legato y en la segunda, su voz comenzó a estrangularse, hasta el punto de obligarle a desaparecer fugazmente, tal vez para una gárgara, y volver para entonar la tercera estrofa con frágil heroísmo. Pero como ahora no había nadie que lo reemplazara, este artista de robustez a toda prueba volvió para un segundo acto mejor cantado. Su relato de Roma fue tan penoso como las frustraciones del gran pecador que estaba interpretando y … ¡telón final!, con todos respirando aliviados después de una noche tan accidentada. Un seguro atenuante para el sufriente tenor fue el hecho que esta puesta, estrenada en 2010, había sido hecha un poco a medida de Johan Botha, permitiéndole sentarse gran parte del tiempo para aliviar su obesidad.

Repasemos un poco los puntos escénicos principales. El primer telón se abre para mostrarnos un telón idéntico, encajado en un también idéntico marco de oropeles dorado. Este teatro dentro del teatro abre a su vez su cortinita para dejarnos ver una gran mesa de banquete sobre y alrededor de la cual un ballet de parejas en gala contemporánea agita la bacanal con una sensualidad enérgica y bien coordinada con la partitura. Tannhäuser sentadito al costado derecho se muestra visiblemente cansado de tanta orgía cuando una Venus de negro se le acerca moviendo sus caderas como Marilyn Monroe para preguntarle si le está gustado la fiesta.

El último intento de la diosa para retenerlo es abrir el telón del teatro dentro del teatro para mostrarle al protagonista una cama tamaño ‘King’, ciertamente mucho más atractiva que el cubo negro con pedazos de mampostería de las ruinas del teatro en el cuadro siguiente. El páramo es solo aliviado por el pequeño y frágil árbol verde bajo el cual el pastorcillo canta su lied de primavera.

En la escena final el mismo árbol, caído y marchito, será reemplazado por un retoño verde, justo en el momento en que el coro anuncia que el cayado del Papa ha florecido como expresión del perdón al pecador. Es también sobre las ruinas del teatro que se desarrolla un torneo de canto con cantores de smoking en medio de invitados harapientos y soldados con metralletas.

Tampoco Elizabeth escapa a esta miseria, con su ajado trajecillo de gala bajo un sacón también desgastado por el uso y sin posibilidades de competir sensualmente con el negro escotado de Venus. ¡Sí! ¡Bien había advertido la diosa cachondera que todo es frío en el mundo del Wartburg!

Las buenas puestas normalmente evitan lo obvio para insinuar una idea, porque lo obvio es normalmente pueril. Aquí comienza siendo pueril la idea de elegir las ruinas del Covent Garden para una puesta en el mismo Covent Garden. Y sigue siendo pueril por una regie de personas que demuestran la falta de credenciales wagnerianas de Albery. Por ejemplo: Elisabeth se desmaya como si fuera Violeta Valery en el ensemble del segundo acto; y nuevamente en el tercero, cuando descubre que Tannhäuser no ha vuelto con los peregrinos. En Wagner nunca se desmaya nadie, porque Wagner, a diferencia de Verdi, no hacía melodramas. En esta reposición se pretendió aliviar el acartonamiento general con algunos gestos hieráticos y sin intensidad.

Magnífica vocalmente estuvo la Venus/Marilyn de Ekaterina Gubanova gracias a su radiante color y seguridad de impostación y un fraseo lleno de apasionada frustración. Y magnifico también Gerald Finley como un Wolfram ni frío ni apasionado, sino con el distanciamiento y la sensibilidad requerida para este poético corifeo wagneriano en su lied a la estrella vespertina. Pero más excelso aún fue su lied sobre la pureza del amor en el torneo de canto, que normalmente pasa desapercibido en su importancia dramática. Como nunca recuerdo haber podido admirar la mezcla de idealismo y amargura con que este personaje acepta, no sin alguna agresividad, el haber perdido a su amada en manos de Tannhäuser.

La dirección de Sebastian Weigle se esmeró en todo lo contrario a la poesía que sugiere Wolfram. Faltaron las alternativas de cromatismos, arrebatos y afirmación de los famosos cánones dominantes en los corales y la orquesta contribuyó a la desequilibrada rutina general con un sonido chato y falta de detalles. ¿Qué fue del regocijo de las cuerdas al final de la introducción de ‘Dich Teure Halle’? ¿Y qué de los famosos sforzandi en crescendo del preludio al acto tercero? En fin, inútil seguir con este tipo de interrogantes en medio de una reposición ciertamente olvidable.

Agustín Blanco Bazán | 8 de febrero de 2023

Rating
(5/10)
User Rating
(3/5)
Media Type/Label
Technical Specifications
128 kbit/s CBR, 48.0 kHz, 189 MByte (MP3)
Remarks
Broadcast (BBC 3, transmission date: 4 March 2023)
A production by Tim Albery (2010)
Norbert Ernst, singing from the side, replaces Stefan Vinke who is acting on the stage as Tannhäuser.