Der fliegende Holländer

Oksana Lyniv
Cor i Orquestra Simfònica del Gran Teatre del Liceu Barcelona
Date/Location
18 May 2017
Gran Teatre del Liceu Barcelona
Recording Type
  live  studio
  live compilation  live and studio
Cast
DalandAttila Jun
SentaElena Popovskaya
ErikDaniel Kirch
MaryItxaro Mentxaka
Der Steuermann DalandsMikeldi Atxalandabaso
Der HolländerEgils Siliņš
Gallery
bachtrack.com

Un Holandés con luces y sombras en el Liceu de Barcelona

Wagner no tiene puertas fáciles para entrar en su corpus operístico, y las exigencias tanto vocales como orquestales desde sus primeras composiciones son elevadas y difíciles de afrontar siempre. La velada en el Liceu fue digna, pero distó de lo que consideraríamos una brillante interpretación de conjunto, y Wagner es el paradigma de ello.

La lectura de Oksana Lyniv fue, en líneas generales, muy solvente y esmerada en cuidar de que las huestes orquestales no hicieran naufragar a los cantantes. La joven directora ucraniana se enfrentaba por primera vez a una ópera completa de Wagner y, aunque el resultado fue más que meritorio, se echó en falta un mayor riesgo en la intepretación. Obviamente, los oídos educados hubieran preferido la vertiente lírica de muchos pasajes, pero no se puede reprochar la entrega y capacidad concertante de Lyniv en todo momento. Tal vez, en su próxima visita nos ofrezca momentos más deliberadamente personales. La orquesta, a excepción de algún que otro pequeño desajuste, mostró buena forma, cosa habitual últimamente, y su dirección se llevó la mayor ovación de la noche.

Philipp Stölzl firma una propuesta escénica y dramatúrgica que incide en el mundo interior de Senta, y como este se ve arrastrado por la obsesión con la leyenda del holandés, de una forma quijotesca que nos lleva al campo de la esquizofrenia y la locura. Una visión que, si bien ha sido retratada en otras ocasiones, entra en conflicto con la persperctiva personal, egocéntrica y descarnada del propio Wagner. El planteamiento cuenta con grandes aciertos por parte de Stölzl y Reinhardt, como la presencia de un cuadro que toma vida para representar los pensamientos de Senta. Pero falla en otros elemetos como la caracterización banal de la tripulación del Holandés o una batalla en slow motion con la misma, que no ofrecen nada nuevo y solo despiertan una sonrisa compasiva. El tercer acto tampoco fue un acierto, lejos de enfocar la sublimación del amor romántico, cae en la mera resolución de la trama por la vía rápida del suicidio de Senta, sin fondo espiritual.

Las prestaciones vocales fueron desiguales en un reparto que, con apenas cuatro roles principales, exige un equilibrio máximo a la hora de llevar a buen puerto a este Holandés errante. Albert Dohmen es garantía de fe wagneriana, sus dotes interpretativas son evidentes y su Holandés es honesto y sincero. Su voz va perdiendo brillo con el paso del tiempo, como es normal por otra parte, pero no se puede negar el aplomo y la seguridad con que lo afronta, fue sin duda lo mejor de la noche, como demostró en su dúo con Daland “Durch Sturm und bösen Wind verschlagen”.

Menos afortunado fue el Daland de Attila Jun. Proverbial es la crítica a las voces débiles que se presentan en producciones wagnerianas, pero el volumen no lo es todo. Jun cantó con suficiente indolencia para no hacernos entrar en la trama en ningún momento, con una interpretación actoral bastante pobre y por encima, sin mostrarnos la profundidad psicológica del personaje. Un timbre estentóreo, y en ocasiones estridente y un vibrato fuera de estilo en muchos casos, tampoco ayudaron a salvar su papel.

La Senta de Elena Popovskaya, aunque resuelta de forma eficaz, distó en muchos momentos de las exigencias vocales del papel, ya que, aunque segura en los registros medios, no supo dar ductilidad a sus pasajes más delicados. Su balada en el comienzo del segundo acto fue fría y de escasos matices. Timothy Richards cantó un Erik plano, con una voz poco apropiada y descontrolada en emisión y afinación en no pocos momentos, como en la famosa cavatina “Willst jenes Tags du nicht dich mehr entsinnen”.

Cumplieron con sus papeles la habitual Itxaro Mentxaca como Mary, y el debutante, pero conocido por los iniciados, Mikeldi Atxalandabaso como Timonel, con unas creaciones actorales a la altura exigida. El coro estuvo correcto, destacando la parte masculina del mismo, aunque hay que reconocer que una de les partes más difíciles de concertar es el coro femenino del segundo acto, y que fue eficazmente resuelto por las cantantes, orquesta y directora.

Un Holandés en definitiva que, sin ser brillante, nos brinda la posibilidad de revisitar la casa del joven Wagner y disfrutar de la génesis de recursos estilísticos como el Leitmotiv que empieza a aparecer con profusión en la partitura.

Miquel Martínez | 03 Mai 2017

opera-online.com

Senta’s traditional hallucination

Philipp Stolzl, the stage director of the Der fliegende Holländer’s version that is being performed at Liceu, states in the programme (quoted by Brigitte Heusinger): “We tell it (the story of the Dutchman)from the perspective of Senta… and we draw the psychograma of a woman that escaped into the world of legend and fantasy and does not manage to come back from it. Now, years later, Senta is a disoriented girl in the body of an adult woman”.

The idea of presenting Senta as a woman with a romantic soul that doesn’t settle for the sad, grey, mediocre life that her father, fiancée and environment propose is an effective one. Representing her as a woman seeking refuge in the dream of an absolute and redeeming love that would bring meaning to her life is a coherent one. Resolving the conflict by paying the ultimate price of suicide for the impossibility of a return or of a pact with reality is dramatically brilliant.

This solution, which isn’t new and is a stock resource –perhaps excessively exploited– applicable to many titles of the repertoire that present a complex resolution, has been in circulation around stages for many years. Presenting the Duchman as Senta’s hallucination, as the incarnation of her desire and aspiration to the absolute was already at the base of Willy Decker’s memorable production of this opera seen at Liceu over 20 years ago.

The dramatic ideas –new or old, good or bad– are one thing, materialising them on a stage is another one. This production, coming from the Staatsoper Unter den Linden in Berlin, presents scenically brilliant moments, especially when it makes use of trompe l’oeil techniques with a picture representing the place where the same picture is hanging (a stage inside another stage). This offers the possibility of multiplying the theatrical dimensions of the scenic space providing a place for reality and another one in parallel for Senta’s dream.

In other scenes, though, it doesn’t work, especially regarding the Dutchman’s ship crew reduced to a derisory parade of zombies from a horror B-movie. Or in Senta’s death, the crucial moment of the piece, poorly resolved in a significantly confused scene, with too many people on stage.

Musically, this Dutchman, full of changes in the cast from what had been announced months ago, was irregular. The best came in the performance of the leading male role with the veteran bass-baritone Albert Dohmen, well remembered at Liceu from his Wotan. From the beginning, with “Die Frist ist um”, Dohmen dominated the score, singing powerfully and with style. He was the winner of the night.

Elena Popovskaya, debuting at the theatre, demonstrated more strength and power than subtlety and nuances in the role of Senta. Attila Jun didn’t make much use of subtlety either in his intervention, but since he was singing Daland, a rude man only moved by economic interest, this fitted with the character.

Erik’s role, Senta’s fiancée, antiheroic and weak from all perspectives compared to the Dutchman, is one of the most unrewarding Wagnerian roles: demanding in tessitura and vocally and scenically bland. Erik has to represent the lukewarm bourgeois values and it often doesn’t work on the stage, even though the stalls are full of people who would share his views. Erik was defended by Timothy Richards; the voice wasn’t beautiful but the high notes were well placed and he didn’t lack momentum. Itxaro Mentxaca was good in the role of Mary and very good Mikeldi Atxalandabasso as steersman.

The choir was in good shape, especially the male section, which has a big, rewarding and attractive role in this opera. On the conductor’s podium there was the Ukrainian Oksana Lyniv, the first woman to conduct a Wagner at Liceu. She conducted with intensity and nerve, with tempi that were often on the quick side. The famous overture appeared a little wild, with an overly blunt orchestral sound that lacked roundness and balance. However, the interaction with the voices worked rather well and the global balance was good.

Xavier Pujol | 06 of May, 2017

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Technical Specifications
320 kbit/s CBR, 48.0 kHz, 303 MByte (MP3)
Remarks
Broadcast (Catalunya Música)
A production by Philipp Stölzl (2017)