Die Walküre

Josep Pons
Orquestra Simfònica del Gran Teatre del Liceu Barcelona
Date/Location
22 May 2014
Gran Teatre del Liceu Barcelona
Recording Type
  live  studio
  live compilation  live and studio
Cast
SiegmundKlaus Florian Vogt
HundingEric Halfvarson
WotanAlbert Dohmen
SieglindeAnja Kampe
BrünnhildeIréne Theorin
FrickaMihoko Fujimura
HelmwigeDaniela Köhler
GerhildeSonja Mühleck
OrtlindeMaribel Ortega
WaltrautePilar Vázquez
SiegruneKai Rüütel
GrimgerdeAnna Tobella
SchwertleiteKismara Pessatti
RoßweißeAna Häsler
Gallery
SeenandHeard-International.com

Surprising Anomalies Between Performances of Die Walküre

More than once I have referred to Robert Carsen in laudatory terms, as I consider him a major stage director. He’s one of the few who are able to combine aesthetics with originality, and he is always respectful toward the music and librettos.

Few stage productions require a guiding thread ̶ a concept, if you prefer ̶ more than The Ring of the Nibelung. Last year in Das Rheingold, Carsen seemed to focus on ecology and the human selfishness that lead to the destruction of the planet. Surprisingly, in this second installment, the guiding thread seems to be broken, and I didn’t find an idea worth highlighting. This is a fairly traditional production, except for the fact that the action takes place in modern times. Carsen presents a world of factions at war, where Hunding and his men seem to be part of an irregular army. In the first act, at Hunding’s camp, snow falls at the back of the stage even when Siegmund and Sieglinde sing of the arrival of spring. Act II is set in a luxurious room in some sort of military dictatorship with Wotan as ruler, minus his eye patch and the spear replaced by a baton. The announcement of Siegmund’s death occurs back in a war landscape with a destroyed jeep as the only prop. The third act takes place in a field full of corpses that the Valkyries are taking to Valhalla, but the always much-anticipated MagicFire falls short of spectacular.The stage direction is quite traditional and always mindful of the libretto and music.

The musical direction was the most controversial aspect of these performances. Josep Pons was at the podium, and I found his conducting quite irregular. I can’t say that he offered two different readings in two consecutive days, but there were surprising anomalies. To begin with, there was a difference of almost ten minutes between the performances, which is not easy to understand coming from the same conductor. The weakest part was the first act, where there was neither tension nor emotion: it was just routine and simply boring. Things improved, but with little emotion in those two special moments, the Announcement of Siegmund’s Death and Wotan’s Farewell. The orchestra was problematic on the first evening, but they offered a more compelling sound the following day, which again was surprising.

There were two different casts, but one can hardly speak of first and second except in chronological terms. These days, when Wagnerian voices are rather scarce, there is much merit in putting together two casts of this quality.

Brünnhilde was performed by Irene Theorin and Catherine Foster. Both were convincing and well-suited to the role. Ms. Theorin was more powerful and tighter at the top, while Ms. Foster was a more lyrical Brünnhilde, offering more vulnerability in the character. Both can be considered excellent Walküres.

Albert Dohmen has been one of the leading interpreters of Wotan in recent years, but he is now too tight at the top. He is still a very compelling and sensitive singer, able to offer good doses of emotion in his singing that make one forget his weaknesses. Greer Grimsley has a powerful voice, but his artistry falls below Mr. Dohmen’s. I found his singing rather monotonous with too many open sounds.

Klaus Florian Vogt is a tenor who will always be subject to discussion by opera lovers. His whitish voice does not seem well suited to heroic roles; in characters such as Lohengrin, Parsifal or Walther, his timbre is not ideal but it is suitable. Siegmund, however, is a more heroic character. It is true that one quickly gets used to Vogt’s timbre, and his flawless vocal and stage performance come to the fore. Frank Van Aken’s voice is better suited to the character, but he is not such an acomplished singer. During the first act he seemed to have vocal problems, and I doubted he could finish the opera, but he seemed fully recovered by Act II.

Anja Kampe was again an excellent Sieglinde, living the character with great intensity. Eva Maria Westbroek is in her element as Sieglinde, both singing and acting, a true gift in the character.

Mihoko Fujimura was a good Fricka, more convincing than Katerina Karneus the following day. Eric Halfvarson and Ante Jerkunica were both excellent as Hunding.

The group of Valkyries were really good, particularly Daniela Köhler as Helmwige, a Brünnhilde in the making.

José Mª. Irurzun | The Liceu, Barcelona, 22 & 23.5.2014

codalario.com

Continuaba el Liceo con su coproducción del Anillo, a título por año, y después del planteamiento expuesto en el Oro del Rin que pudimos ver la pasada temporada, cabía esperar de Carsen un discurso en continuidad. Defrauda un tanto, pues, percibir un viraje algo desnortado y confuso, como si la Valquiria no terminase de cuajar con ese planteamiento inicial. Sea como fuere, el problema no es propio de Carsen, sino casi intrínseco a esta segunda jornada. Y es que ya al propio Wagner le costó encajar en la gran historia del Oro el trasunto más específico de la pareja de welsungos. Y sin embargo, al mismo tiempo, estamos ante el momento crucial en la evolución de la autoridad de Wotan. En el citado Oro de la temporada pasada, Carsen sugería una propuesta que ilustraba de algún modo el destino trágico de la burguesía. En parte, esta Valquiria continúa con ese discurso, sin tanta fortuna, abundando ahora en la deriva autoritaria y militarista, poniendo sobre la mesa el binomio capitalismo/guerra, habida cuenta del discurso escenográfico que impera durante casi toda la función. Carsen, no obstante, logra también centrar la atención en Wotan y en su conflicto para trasladar con él, de un modo quizá no tan evidente, el problema de la libertad burguesa, sometida a tantas servidumbres que al final no es dueña de sí misma. Y es que la tragedia de Wotan es la tragedia de este Occidente nuestro, tal y como se ha venido entendiendo durante los dos últimos siglos, como una aspiración hacia la libertad de amar, nunca resulta y siempre frustrada. Como dice Wotan en su extensa intervención del segundo acto ante Brünnhilde:

Das andre, das ich ersehne, das andre erseh’ ich nie: denn selbst muß der Freie sich schaffen: Knechte erknet’ ich mir nur!


Al Otro, al que aspiro, al Otro nunca lo hallo: pues el libre a sí mismo ha de crearse, ¡sólo me hago servir por esclavos!


La escueta, aunque eficaz, escenografía de Patrick Kinmonth y la esmerada iluminación de Manfred Voss deparan momentos de notable fuerza dramática, como la sombra de Wotan proyectándose al final del segundo acto, las puertas cerrándose a ambos lados para él también al cierre de este cuadro o la iluminación sobre Brünnhilde cuando interviene ante Wotan (War es so schmählich…), recordando aquí al Carsen de la Elektra que vimos en París. Falta espectacularidad, por ejemplo, en la última escena, con un fuego que arranca, de forma casi caricaturesca, de un simple encendedor de mano. De alguna manera estamos en el extremo opuesto al bien conocido Anillo de La Fura dels Baus, que es pura espectacularidad, exaltación del artificio, pero que hace aguas en la distancia corta, en el detalle, donde Carsen sin embargo consigue sugerir una densidad interpretativa mucho mayor, más meditada.

En términos vocales, la noche deparó un resultado mucho más que satisfactorio, brillante por momentos. Ya nos hemos referido en varias ocasiones aquí a la Sieglinde de Anja Kampe. Cabe reiterar en esta ocasión lo dicho anteriormente: más que solvente defensora del rol, aunque sin llegar a arrebatar en ningún momento. A su lado, no esperábamos tan buen rendimiento, hay que reconocerlo, del Siegmund de Klaus Florian Vogt, que demostró sin embargo saber muy bien lo que se traía entre manos con este rol. Plantea un Siegmund lírico, es cierto, de resonancias juveniles, de un heroísmo menos abrumador y más vital, por decirlo de alguna forma. Hace “su” Siegmund, en las antípodas de los últimos grandes Siegmund, como Domingo ayer o Kaufmann hoy; pero funciona. Y funciona por la entrega, por la solvencia de la emisión. Se echa de menos, eso sí, un color más baritonal y un derroche de medios más heroico. Pero hay personalidad y convicción en su interpretación y vocalmente, ya decimos, supera las expectativas que pudieran tenerse habida cuenta de su singular emisión y su peculiar naturaliza tímbrica.

Por otro lado, sólo cabe aplaudir, y mucho, al Wotan de Albert Dohmen. Desde los tiempos de Hotter, no ha habido otro Wotan con semejante oficio, con una suma tan acabada de interiorización vocal y temperamental del rol. Si bien cansado ya, tras una carrera larga y exigente, el instrumento se mantiene más en forma de lo que cabría esperar, llegando con medios suficientes a su esperada e intensa página final ante Brünnhilde. Inmenso en los adioses, con esa forma de decir, de contemplar con la palabra, abundando en una media voz emocionante y acariciadora. Un Wotan memorable. Bravísima, al margen de un tercio agudo más árido a veces, la Brünnhilde de Irene Theorin, ejemplar por temperamento, carácter e intensidad. Junto a Dohmen, firmaron un extraordinario tercer acto, reduciendo ella con increíble solvencia ese inmenso caudal que posee a un hilo de voz perfectamente audible y matizado.

Pocos Hunding mejores que el de Eric Halfvarson cabe encontrar hoy en día, como ya dijéramos al hilo de su intervención en los Proms londinenses. El timbre ha tenido días más frescos, sin duda, pero la autoridad en la palabra no tiene parangón, salvo en un ya casi retirado Salminen, por ejemplo. Fujimura es una Fricka ideal por temperamento aunque se nos antojó un tanto destemplada vocalmente. Irregular desempeño, por último, del grupo de walkirias, no siempre bien coordinadas, con alguna entrada a destiempo. Sin duda es en esta ausencia de empaste donde más se dejó entrever la irregular comunicación entre foso y escena. A destacar, por su contundencia en la primera frase de las walkirias, la Helmwige de Daniela Köhler.

En el foso, la dirección de Josep Pons, sin ser excepcional, rindió a un nivel cuando menos solvente. Consciente de los mimbres que maneja, dispuso una versión medida, sin duda ayuna en variedad dinámica y riqueza de contrastes, pero muy clara, con un discurso diferenciado, destacando y subrayando con solvencia todo cuanto está escrito en la partitura. Pocas veces se escuchan tan nítidas y marcadas las intervenciones del arpa, por ejemplo, en los adioses de Wotan. Sin duda, un enfoque sinfónico en demasía, más preocupado Pons de diferenciar entre secciones de la orquesta que de concertar las voces con total precisión. En suma, una versión muy académica, si queremos verlo así, a la que la orquesta titular del Liceo respondió con rutina, sin genialidad, pero asentando su continuada mejoría desde que Pons es su titular. No faltaron un par de habituales deslices en los metales, que siguen mostrándose menos seguros y firmes de lo que debieran. La cuerda no alcanza, qué duda cabe, la nitidez y densidad de la que acostumbramos a escuchar en las formaciones alemanas. No fue una gran versión musical, qué duda cabe, pero se nos antoja a todas luces superior a la anterior Walkiria escuchada en el Liceo, en mayo de 2008, con Sebastian Weigle a la batuta. Viendo el vaso medio lleno: Pons consigue resultados solventes, aunque no sea un director de foso ni encuentre aquí su repertorio más afín. Y viendo el vaso medio vacío: sigue lejos la orquesta de rendir al alto nivel que debiera, por franca que sea su mejoría, y Pons quizá no sea la solución definitiva para asentar su rendimiento.

Alejandro Martínez | 25/05/2014 Barcelona

revistamusical.cat

‘Valquíria’ en escala de grisos

Cinc hores de sessió wagneriana per a un dilluns d’estrena és un repte agosarat per a qualsevol. I tot i que La valquíria que es va poder veure i sentir ahir al Gran Teatre del Liceu potser no quedarà als annals de les grans interpretacions d’aquest títol, va tenir uns quants mèrits, bàsicament en el pla vocal, gràcies a la presència de veus de primer nivell, com Klaus Florian Vogt, Iréne Theorin, Anja Kampe, Albert Dohmen, Eric Halfvarson i Mihoko Fujimura.

No era cap sorpresa que la producció de Robert Carsen apel·la a un món desnaturalitzat per culpa de l’afany de poder, on el formigó i el ferro forjat (i oxidat) inunden un espai molt buit on només impera la força del fred (la neu) i la calor (el foc). Dues manifestacions que són també, simbòlicament, mostra de les relacions de domini i submissió que s’estableixen entre els personatges. Hunding (un Eric Halfvarson vocalment potent, modèlic) apareix com un traficant d’armes que pega la seva dona Sieglinde (una Anja Kampe exquisida a tots nivells) i que defensa el seu suposat honor de marit traït acudint covardament al poder de la deessa Fricka (magnífica Mihoko Fujimura: dura, dolguda, irònica i d’homogeneïtat vocal impecable), dona de Wotan i defensora de la institució del matrimoni. La fredor i la neu que envolta el cau de Hunding contrasta amb el foc que simbolitzen les armes amb què conviuen ell i Sieglinde, i en aquest context de foscor –massa gris imperant al llarg de les més de quatre hores d’òpera– floreix una primavera pobra i desnaturalitzada simbolitzada només en el canó de llum blanca que il·lumina el freixe quan els dos germans Siegmund i Sieglinde es reconeixen, s’anomenen i s’estimen; el mateix canó que suposadament ha d’il·luminar l’espasa Notung que el Wälse/Wotan va deixar clavada per a Siegmund (un excel·lent i heroic Klaus Florian Vogt, malgrat que el seu timbre de claredat gairebé mozartiana pugui no agradar tothom) i que inesperadament va desaparèixer del freixe amb la manta que el cobria, tot deixant el pobre Siegmund sense el seu moment de glòria teatral.

Al segon acte, el Walhalla és un mix entre el cau de Hitler a les muntanyes de Baviera, el Kehlsteihaus (el niu de l’àliga) i el Wolfsshcanze (cau del Llop) a l’actual Polònia, amb una decoració típica de l’època a les grans cases burgeses i una fredor imperant en la immensitat de l’espai provocada principalment per les parets de formigó que hi donen forma. Una immensitat que s’estén tant en fondària com en alçada (la boca de l’escenari queda totalment oberta al sostre, per on les veus corren el risc de perdre’s) i que el mateix Albert Dohmen (Wotan), de veu rotunda i d’emissió fluida, es va atrevir a acusar en la roda de premsa prèvia a l’estrena, tot advertint preocupat la tendència cada cop més habitual d’obviar la importància de l’existència d’una caixa acústica en les produccions escèniques que afavoreixin la projecció de les veus.

Wotan, un militar alemany (només l’absència de les esvàstiques pot despistar de la directa inspiració nazi de Carsen per a aquesta producció) dominat per la seva dona despitada (Fricka) i profundament dividit entre els seus sentiments d’amor (envers Brünnhilde i envers l’estirp dels Wälsung) i les seves ànsies de poder (l’anell del nibelung), obliga Brünnhilde –una jove amb salvatgia plena d’espontaneïtat i força– a no defensar Siegmund, i aquesta, en desobeir-lo, és castigada pel seu afligit pare a acomiadar-se de la seva condició divina tot sumint-la en un llarg son del qual només despertarà si un heroi sense por s’atreveix a travessar el cercle de flames que envolta el cos de la valquíria. Iréne Theorin va ser una Brünnhilde espontània, generosa i vocalment esplèndida, i va emocionar particularment en les seves escenes amb Wotan (Albert Dohmen), d’una tendresa i grandesa mútua que esdevingueren dels moments més àlgids de l’òpera.

Si bé la producció de Robert Carsen és ben fidel a la trama de Wagner i, fins i tot, a les acotacions del mateix compositor, l’excés de grisor i buidor genera una sensació de monotonia que no ajuda gens a sostenir l’interès durant les més de quatre hores d’òpera. A banda d’això, la cavalcada de les valquíries queda deslluïda per un poc convincent moviment escènic a través de cadàvers de soldats d’unes noies que en tenen poc, de guerreres, i fan que l’escena sembli més un capítol de The Walking Dead que no pas de La valquíria. Com tampoc no resulta convincent la dormició de Brünnhilde amb un encenedor i les poques flames que l’envolten i que Wotan travessa sense cap tipus de problema després d’acomiadar-se d’ella.

Robert Carsen no va sortir a saludar i, per tant, no es va poder mesurar amb el termòmetre del públic la rebuda de la seva producció provinent de Colònia. Però qui sí va rebre l’escalfor –en la vessant tant positiva com negativa– del públic va ser Josep Pons i l’Orquestra del Liceu, que van ser aplaudits però també xiulats i escridassats per uns quants i estentoris espectadors. Una reacció que molt probablement no només té a veure amb el resultat musical esporàdic d’una nit, sinó amb la mala maror que es respira al Teatre, que tres dies abans tenia convocada una vaga pel comitè d’empresa per a les vuit representacions de La valquíria i que, finalment, va ser desconvocada divendres passat.

Certament, les prestacions de l’Orquestra del Liceu no van ser les mateixes que amb Kitej i va quedar palès que amb algun assaig extra la cosa hauria rutllat millor. També és cert que Josep Pons enfrontava la seva primera Valquíria sencera i, si bé Kitej també era novetat per a orquestra i director, és força probable que l’esforç i l’atenció dedicats al títol rus no fossin els mateixos que a un títol que, en principi, haurien de tenir més a mà. El que més es trobà a faltar en aquesta versió de La valquíria va ser cohesió sonora, empastament, un resultat al qual hauria ajudat si l’escena hagués servit de més coixí a les veus. D’altra banda, faltà seguretat en els vents metalls, dubitatius en algunes entrades, cosa que naturalment treia la màgia a escenes que requereixen més rotunditat. Josep Pons mantingué uns tempi àgils i estigué molt atent als cantants, amb els quals es notava una bona entesa. Però per sobre de tot, el que va salvar la funció va ser la gran professionalitat dels solistes.

Mercedes Conde Pons | LICEU. 19 DE MAIG DE 2014

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Technical Specifications
192 kbit/s CBR, 44.1 kHz, 308 MByte (MP3)
Remarks
Broadcast (Radio Clásica)
A production by Robert Carsen (2014, Köln 2000)
This recording is part of a complete Ring.