Die Walküre

Guillermo García Calvo
Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias
Date/Location
13 September 2015
Teatro Campoamor Oviedo
Recording Type
  live  studio
  live compilation  live and studio
Cast
SiegmundStuart Skelton
HundingLiang Li
WotanTómas Tómasson
SieglindeNicola Beller Carbone
BrünnhildeElisabete Matos
FrickaMichelle Breedt
HelmwigeMaribel Ortega
GerhildeIsabella Gaudí
OrtlindeRaquel Lojendio
WaltrauteSandra Ferrández
SiegruneMarina Pardo
GrimgerdeAnna Alàs i Jové
SchwertleiteMaría Luisa Corbacho
RoßweißeMarina Pinchuk
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Reviews
SeenandHeard-International.com

A New Production of Die Walküre Continues the Ring in Oviedo

The Ring cycle that began two years ago in Oviedo continues now with Die Walküre. As in the earlier Das Rheingold, the final result has been influenced by the theatre’s inadequate pit. Putting on Die Walküre with an orchestra of 57 musicians is not the best way to go.

There is no doubt in my mind that of the three aspects of an opera performance ̶ music, voices and staging ̶ in the Ring, music is the most important of all. An orchestra with four contrabass can offer only a semblance of the Wagnerian work. The introductory music, the ride of the Valkyries, the Magic Fire: these become mere approximations of the real thing. The presence of a single harp at the end of the opera makes the Magic Fire seem anything but magic.

With these comments I don’t mean to imply any criticism for the performance of maestro Guillermo Garcia Calvo and the orchestra. In fact, Garcia Calvo’s conducting was better than what he offered in Das Rheingold. His reading was more convincing than I had expected, and the same can be said of the orchestra, which has improved from their performance two years ago.

As with Rheingold, this is a new production by Michal Znaniecki, characterized by the use (and, at times, abuse) of video projections; he also designed the sets and costumes. The former consists of a simple wooden wall with a large hole in the middle, and the action takes place on two levels. This wall is the only set, to which are added the ever-present dominoes that, as Mr. Znaniecki notes in the program, represent the failure of Wotan’s plans. The real star of the production is the video projection, which is continuous, with the disadvantage that the visuals are sometimes in a kind of perpetual motion that eventually gets tiresome. It works best when the images are static. There’s not much to say about the costumes, which are efficient, with the gods in white; the lighting works well in general. The least effective part of the production is the minimal stage direction in relation to the main characters.

The key role in the opera is Brünnhilde, sung by Portuguese soprano Elisabete Matos, whose performance was adequate, although her voice is not the one required by the character. The famous and always expected Hojotohos were mostly shouted. From there on things improved, although her top notes are rather tight and unattractive.

Icelandic baritone Tomas Tomasson again gave life again to Wotan. His performance ̶ correct and somewhat modest ̶ was better than his Wotan of two years ago. He lacks the power and vocal projection needed to succeed in the character.

The best of the cast was Australian tenor Stuart Skelton as Siegmund. His voice is perfectly suited to the character, and he already sings this part in the top opera houses. For my taste, he fell short on expressiveness, but it’s only fair to point out his spectacular and almost endless “Wälse, Wälse.”

Nicola Beller Carbone was a convincing Sieglide and acted with great intensity. Her voice did seem too light at times for the character.

South African mezzo-soprano Michelle Breedt as Fricka had to fight with the memory of Elena Zhidkova in Rheingold. Ms. Breedt wasn’t as bright as her Russian colleague, but she gave a solid performance.

Chinese bass Liang Li was a well-suited Hunding.

The Campoamor was at about 75% of capacity. The audience was warm but not particularly enthusiastic at the final bows.

José Mª. Irurzun | Teatro Campoamor, Oviedo, 13.9.2015

codalario.com

La Temporada de Ópera de Oviedo dio comienzo el jueves con una ópera inédita hasta la fecha en el Campoamor, La valquiria, de Wagner, título muy difícil de producir por su longitud y complejidad musical y segundo de la Tetralogía wagneriana que la entidad tiene previsto completar en sucesivos años, esperemos que siempre de la mano de Guillermo García Calvo, quien ya había dirigido en el mismo teatro con brillantez Tristán y El oro del Rin y que en la larga noche del estreno volvió a demostrar que es un gran director wagneriano.

García Calvo vive desde hace años en Viena, donde trabaja con frecuencia en la Staatsoper, entidad en la que ha dirigido 200 funciones hasta la fecha. En los últimos años, su trabajo ha protagonizado importantes éxitos en nuestro país. Uno de los más llamativos ha sido en el Teatro de la Zarzuela, con Curro Vargas, pero creo que no me equivoco si afirmo que su relación artística más afortunada ha tenido más que ver con la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias y el Teatro Campoamor. Es en Oviedo donde dirigió su primera producción operística en España y donde su trabajo con Wagner está alcanzando notoriedad de heldendirector.

Las relaciones entre los directores y las orquestas darían para escribir mil libros. A veces un gran maestro no termina de entenderse con la entidad por mucho talento que posea. No sólo influye su calidad artística objetiva. En los últimos años hemos visto pasar por la temporada de la OSPA un número considerable de directores, algunos de calidad contrastada que, sin embargo, no terminaron de extraer lo mejor de los músicos. García Calvo sí ha conseguido establecer de forma natural una especie de idilio artístico con la Sinfónica del Principado de Asturias.

La OSPA es un conjunto con potencial cuyas prestaciones mejoran mucho dependiendo de quién esté encima de la tarima. En algunos momentos de esta Valquiria fueron evidentes puntuales fallos instrumentales, algunos derivados de la fatiga de los músicos al final de la ópera, pero sería del todo injusto prestar demasiada atención a lo menos llamativo de la representación, cuando en general la participación de la orquesta resultó edificante y emotiva ante una obra muy difícil de tocar, que siempre se interpretó dentro de un considerable nivel artístico, a pesar de que la acústica un tanto seca del Campoamor no sea la mejor para potenciar esta música. Desde la primera nota la intencionalidad del discurso del director y el sonido de la orquesta resultaron atractivos y puramente wagnerianos. La música surgió del interior del foso dando la sensación de un orden y trabajo de fondo esforzados y saludables, que permitieron a la OSPA ofrecer una sonoridad densa y tonificada, de líneas tersas y musculadas, muy apropiadas para expresar adecuadamente esta obra. El marco sonoro de la representación resultó por ello estimulante, y dejó momentos de singular atractivo, acompañando y también de manera independiente.

Uno de los más bellos, podemos decir que inolvidable, llegó con la participación de Stuart Skelton, que ofreció una espectacular recreación del personaje de Siegmund. La emisión de sus “Wälse” en el primer acto dejaron uno de los momentos musicales más brillantes de los últimos años en la temporada, acompañamiento orquestal incluido. La sonoridad del foso arropó de manera cálida y equilibrada la voz del tenor hasta lograr obtener el instante memorable de la función. Liang Li (Hunding) dejó constancia de una voz de singular atractivo, que podría haber templado mejor pero que resonó en su justa medida en color y presencia. Tómas Tómasson volvió a cantar el papel de Wotan tras su participación en El oro del Rin de hace dos años. Dibujó un Wotan elegante, al que no le habría venido mal algo más de presencia en el registro grave y una declamación más intensa dramáticamente.

Fue muy aplaudida la Siegliende de Nicola Beller Carbone, artista de gran talento que tuvo que esforzarse para hacerse oír y estar a la altura interpretativa del papel, que cantó de manera brillante. Con sus virtudes y defectos, se mostraron a la altura de las exigencias líricas de sus personajes Elisabete Matos (Brünnhilde) y Michelle Breedt (Fricka), con una presencia vocal menos marcada en este segundo caso. Fue un auténtico privilegio para la producción contar con la soprano Raquel Lojendio para el papel de Ortlinde, un detalle que sirve para mostrar el alto nivel lírico de la velada. Ojalá podamos verla en el futuro haciendo papeles protagonistas en el Campoamor. Junto a Isabella Gaudí (Gerhilde), Sandra Ferrández (Waltraute), María Luisa Corbacho (Schwertleite), Maribel Ortega (Helmwige), Marina Pardo (Siegrune), Anna Alàs i Jové (Grimgerde) y Marina Pinchuk (Rossweisse) realizaron un gran trabajo lírico al principio del tercer acto, en el que sus voces sonaron notablemente empastadas y llenas de intención puestas al servicio de las valquirias.

La dirección de escena, escenografía y vestuario fueron de Michal Znaniecki, quien ya lo hiciera en El oro del Rin en 2013. Znaniecki volvió a utilizar la técnica del video mapping para dotar a la producción de un imaginario abstracto que no fue mal con la dramaturgia. Las proyecciones dejaron dos momentos especialmente conseguidos, la aparición de Brünnhilde a Siegmund y el final de la obra, que resultó ciertamente bello. Las ideas que se introdujeron, asociadas al juego (el dominó) y los niños nos parecieron forzadas y creemos que no contribuyeron a enriquecer la obra sino a distraerla. Tampoco resultaron apropiados algunos gestos, como la manera de salir de escena de los protagonistas al final del primer acto o el grito de Sieglinde asociado a la espada. Una gran espada a medio camino entre Damocles y una cruz, dotó de singular presencia física y simbólica al espacio pero poco más. Ni el vestuario ni la forma en la que se mostraron escénicamente los gestos de poder de la lanza de Wotan nos parecieron estar a la altura del alto nivel artístico de la versión musical.

Aurelio M. Seco | Oviedo 26/08/2015

operaworld.es

Triunfal comienzo de temporada de la Ópera de Oviedo con la representación de La Valkiria de Richard Wagner. Las voces de Stuart Skelton, Nicolla Beller-Carbone, Tómas Tómasson y Elisabete Matos sobresalieron en un elenco muy equilibrado que propició momentos de excelencia musical bajo la batuta de Guillermo García Calvo.

Hace dos temporadas la Ópera de Oviedo iniciaba el proyecto de representar por primera vez en el Teatro Campoamor El Anillo del Nibelungo, una empresa confiada a la dirección escénica de Michal Znaniecki y musical de Guillermo García Calvo. Znaniecki basa su propuesta en el videomapping y la creación de entornos virtuales en lo que, como él mismo ha señalado, es un guiño a la idea teatral de Wagner de la búsqueda de novedades en el teatro y el juego con la luz. A menudo mediante proyecciones abstractas sobre un escenario vacío en dos niveles, este entorno virtual cambiante va dirigiendo la trama, apoyándose únicamente en dos elementos físicos: por un lado unos niños que funcionan como proyecciones de la infancia de los tres protagonistas (Siegmund, Sieglinde y Brünnhilde) y una serie de fichas de dominó repartidas en hilera que juegan con la idea de acto y consecuencia que unifica toda la Tetralogía. Se lograron cuadros de gran belleza plástica y desde luego la escena sirvió para apoyar a la música y subrayar algunos momentos importantes.

Porque, desde luego, la música de Wagner se hizo con el protagonismo desde el comienzo. El primer acto fue sencillamente magistral, apoyado sobre todo en las voces de Stuart Skelton (Siegmund) y Nicolla Beller-Carbone (Sieglinde). El tenor australiano mantiene un idilio con Oviedo desde su memorable Peter Grimes en 2012, y aunque el año pasado unos problemas vocales le impidieron cantar Samson et Dalila, el público sigue esperando expectante cada aparición de este cantante. La fuerza de su Siegmund, tanto vocal como dramáticamente, es apabullante. Skelton desarrolla una columna sonora muy potente, siempre ajustada en su afinación y colocación, y se descubre como un auténtico heldentenor, imponiéndose sobre la orquesta. A su lado Beller-Carbone propiciaba la réplica dulce, más calmada, pero también con una intensidad dramática heredada de sus apariciones en óperas de Strauss como Elektra, que importa a Wagner para enriquecer a su personaje. Junto a ellos Liang Li como Hunding supo aprovechar sus momentos basado en sus graves, apoyados y muy estables, que le propiciaban una presencia amenazante. García Calvo exhibió una gran capacidad para mantener la tensión, especialmente en este primer acto, que no perdería ya en las cuatro horas de representación, buscando un movimiento flexible de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, especialmente brillante en su sección de cuerdas y maderas.

La búsqueda de unos niveles que dejasen oír a las voces, pero que no hiciesen decaer a la representación encontró sus mayores dificultades al comienzo del segundo acto, especialmente en el diálogo entre Wotan –Tómas Tómasson que repetía su rol dos años después– y Fricka –Michelle Breedt–. Es innegable la presencia de Tómasson, tanto escénica como vocal, para encarnar al Padre de los Guerreros, pero muchas veces sus esfuerzos eran baldíos al verse superado por la masa sonora del foso. Michelle Breedt como Fricka sí supuso un mayor contratiempo para la idea musical de García Calvo, por lo plano de su creación, situándose en un nivel algo inferior a sus compañeros. Claro, que cuando hablamos de una función con unas voces tan consagradas hay que poner en contexto una actuación que quizá en otras circunstancias luciría mucho más.

Y dejamos para el final a las Valkirias, con Elisabete Matos encarnando a una Brünnhilde guerrera y niña, en una dualidad fascinante que la lleva de mostrarse como una guerrera fuerte a verse indefensa ante el poder de su padre. Matos ya ha demostrado sobradamente su valía en papeles wagnerianos, y en Oviedo se la recuerda especialmente por su Isolda, que aquí quedó ampliamente superada gracias a una excepcional técnica que permite una línea vocal muy fluida, ilustrando perfectamente la idea del compositor de la ‘melodía infinita’. Junto a ella sus ocho hermanas (Isabella Gaudí, Raquel Lojendio, Sandra Ferrández, María Luisa Corbacho, Maribel Ortega, Marina Pardo, Anna Alàs i Jové y Marina Pinchuk) ofrecieron una gran intervención en el tercer acto, con una interesante idea de empaste vocal que aportaba mucha unidad a un conjunto de voces tan dispares.

Hay muchos nombres a destacar en La Valkiria de la Ópera de Oviedo. Pero para quien escribe estas líneas, en los últimos años dos producciones han sobresalido por encima de las demás, alcanzando excepcionales cotas de calidad: Peter Grimes y La Valkiria. Ambas con Stuart Skelton encabezando el reparto. No es casualidad.

Alejandro G. Villalibre | 23 septiembre 2015

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Technical Specifications
128 kbit/s CBR, 44.1 kHz, 209 MByte (MP3)
Remarks
In-house recording
A production by Michal Znaniecki